Poco a poco, se va abriendo más y más el debate de la reforma de las pensiones que es uno de los mayores problemas que tiene la economía española en términos no solo de coste económico, sino también en términos de coste social y democrático. Una de las reformas de pensiones más famosa fue la de Suecia, aprobada a comienzos de los 90. Otros como el holandés o el danés, con más peso en la capitalización, aparecen mejor situados en los rankings internacionales de sostenibilidad y suficiencia. No obstante, ningún país ha logrado pasar de un sistema de reparto puro, basado al 100% en cotizaciones como en España, a uno mixto con el éxito de Suecia.
La última propuesta ‘a la sueca’ plantea un decálogo de medidas para alcanzar un Modelo Mixto a través de un periodo de transición que se pueden resumir en tres puntos: En primer lugar, establecer una pensión mínima financiada al 100% con impuestos generales para las personas que superen el umbral de la de la edad de jubilación. Una suerte de ‘renta universal’ como las actuales ayudas no contributivas o el IMV. En segundo lugar, establecer un modelo de cuentas nocionales para la parte contributiva. A través del cálculo actuarial, se prepara la jubilación vía contribuciones para después, al momento de la jubilación, abonarle lo que aportó en cotizaciones en función de su esperanza de vida. En tercer lugar, establecer unas cuentas de inversión donde recoger la remuneración al capital entregado periódicamente –el modelo sueco abona un 2,5%– para aumentar la pensión futura.
Ese modelo mixto puede tener ajustes en función de la recaudación y del crecimiento económico, eso sí sin garantías legales de subidas como las que ahora vemos en función del IPC. Es decir, un modelo que podrá incrementar las pensiones si el crecimiento de los ingresos vía impuestos lo permite, pero siempre sin comprometer el equilibrio financiero ni desconectarse de la productividad económica. Asimismo, consideran que ese modelo mixto serviría para incentivar el ahorro privado y la construcción de un patrimonio familiar, estimulando a cada persona y familia para aumentar sus cuentas nocionales a través del ahorro privado y los incentivos tributarios.
Hace muchos años, Joseph P. Overton definió la ‘Ventana de Overton’ como aquella ventana de posibles opiniones que se pueden expresar en el espacio público sin que el individuo o el político que las plantea sea directamente descalificado por la opinión pública. Esa ventana señala, en un momento dado, qué ideas resultan aceptables y cuales no. La ventana puede desplazarse para que ideas que actualmente son rechazadas por la opinión pública puedan tener ‘viabilidad política’ en un futuro. Su desplazamiento genera cambios en las preferencias individuales de la población y eso es lo que se persigue ahora con el debate de las pensiones.
Estoy a favor de ese debate y de que la Ventana de Overton nos permita alcanzar, en un futuro cercano, la reforma que necesitamos de un sistema de pensiones español absolutamente injusto e insostenible. No obstante, yo creo que tenemos que ir a un sistema absolutamente individual —cualquier otra cosa me parece un engaño– sin perjuicio de un periodo transitorio –ver las entradas sobre este tema en este blog– para no machacar las legítimas expectativas de quienes están ahora mismo cerca de la edad de jubilación y, por tanto, sin tiempo material para adaptarse a los cambios. De lo que no hay duda es de que cuanto antes empecemos con la reforma mejor.
