Durante la pandemia por el coronavirus chino el mensaje institucional fue muy claro: no dejar a nadie atrás y salvar el tejido empresarial facilitando liquidez frente al parón económico. Entonces, lanzaron una serie de balones de oxígeno en forma de préstamos ICO que, con el tiempo, se han convertido en trampas financieras porque muchos, en el trámite de formalización bancaria, avalaron personalmente esos créditos en la creencia de que estaban garantizados en su mayor parte por el Estado.
Ciertamente, esos préstamos ICO permitieron mantener muchos negocios abiertos. No obstante, muchos de los prestatarios no alcanzaron a comprender que el aval del Estado no sustituía su responsabilidad personal frente al banco. En la mayoría de esas operaciones y al margen del aval del ICO, los bancos exigieron avales personales y solidarios a empresarios y familiares para poder formalizar esos préstamos ICO. Ahora, 16 años después, vemos miles de reclamaciones bancarias contra los avalistas de quienes, aunque ganaron tiempo merced a esa inyección de liquidez, terminaron por sucumbir dejando una parte de esos préstamos ICO sin amortizar.
Esos avalistas lo han intentado todo para anular esos contratos por su evidente falta de transparencia. Sin embargo, las sentencias de los juzgados y tribunales menores –como la nº 139/2026 de la AP de Tarragona– confirman la validez de esos contratos de aval y rechazan que exista falta de consentimiento por el hecho de haberse formalizado electrónicamente. En cualquier caso, rechazan que el avalista pudiera haber pensado razonablemente que solo respondería del porcentaje no cubierto por el ICO, recordando que la garantía pública era “adicional para la entidad financiera” y no sustituía las garantías personales habituales exigidas por el banco.
Esa misma AP de Tarragona concluye que “ninguna persona ignora lo que implica un aval o fianza solidaria”, descartando así los intentos de impugnación basados en la falta de información o el desconocimiento del riesgo asumido. ¡Que se lo pregunten a sus hijos! Con el nivel medio de educación que tenemos en este país –otro servicio público que no funciona como debería– muchos empresarios estaban convencidos de los préstamos ICO eran una ayuda pública y no un préstamo bancario propiamente dicho. Así que, quebrada la empresa, los bancos se han lanzado a por los avalistas solidarios que firmaron en barbecho para salvar el negocio familiar durante la pandemia.
En este contexto, la única barrera de contención real es la Ley de la Segunda Oportunidad, porque el eventual concurso de acreedores del negocio no paraliza automáticamente las reclamaciones contra los avalistas ni permite cancelar las deudas personales derivadas de esos avales. La AP de Tarragona confirma la exoneración del pasivo insatisfecho mediante el concurso sin masa de un avalista, aunque le recuerda que dicha exoneración puede revocarse en determinados supuestos ex 493 TRLC, destacando que la Ley de la Segunda Oportunidad es la herramienta para que el avalista no quede expuesto a reclamaciones personales durante años.
La realidad es que esos empresarios y esos avalistas no actuaron con negligencia o imprudencia: trataron solo de salvar sus negocios firmando esos instrumentos ICO bajo la presión económica y psicológica derivada de la pandemia. Fue mucho después cuando comprendieron que lo que parecían subvenciones eran, en realidad, préstamos bancarios puros y duros. La desesperación personal y la publicidad engañosa del gobierno de la PPSOE han desembocado en miles de reclamaciones judiciales, embargos y patrimonios familiares rotos que deterioran, aún más, nuestro tejido productivo, mientras no paran de contratar gente para administrar a un sector privado ciertamente menguante.
Si aplaudimos a Rubalcaba cuando dijo aquello de que “los españoles merecen un Gobierno que no les mienta”, ahora no podemos aplaudir la letra pequeña de las Ayudas Covid que un gobierno socialista ha convertido en trampas para la gente. Las acciones del Estado deben ser claras y transparentes, en lugar de fruto de una propaganda populista para resistir en el poder. Ten claro que, si no dejas a un lado a la PPSOE, ésta te irá dejando a ti a un lado cada vez más. Reflexiona y actúa en consecuencia. De momento, recurre hasta que los tribunales superiores se pronuncien sobre este particular porque la falta de transparencia es palmaria.
