El pasado fin de semana comentábamos el buen ejemplo de Andorra, con impuestos bajos que sin embargo le permiten financiar de sobra unos servicios públicos de calidad, eficientes y con la corresponsabilidad de todos los ciudadanos, frente al mal ejemplo de España con unos impuestos confiscatorios que además no sirven para financiar unos buenos servicios públicos sino, lo que es muy distinto, para alimentar y tapar la ineficiencia de una Administración Pública sobredimensionada cuya inoperancia ha quedado patente con la pandemia por el coronavirus chino que, para más inri, en lugar de facilitar unas condiciones razonables para todos los españoles se permite amenazar a aquellos que deciden fijar su residencia fuera de España para que los impuestos no se coman sus rentas y patrimonios.
Así las cosas, la planificación fiscal que siempre ha sido necesaria se torna imprescindible para contener con la Ley la voracidad de un Desgobierno Comunista incautador que, con su nefasta gestión de la pandemia, nos ha sumido en la crisis económica más terrible desde la Guerra Civil, aunque con la mitad de muertos y muertas. La única solución que contemplan, en lugar de implantar un riguroso programa de reducción del gasto público ineficiente que es en realidad lo que necesita España, es darnos otro sablazo fiscal a todos los segmentos de la sociedad a través de tributos que podemos ver y a través de otros que se esconden detrás de muchas de nuestras actividades cotidianas con un sumatorio que supera ampliamente el concepto de confiscatoriedad rechazado por nuestra Constitución. Ahora, más que nunca en nuestra Historia, es muy fácil perder patrimonio por mor del universo impositivo que nos rodea y dicha pérdida es segura si nuestras rentas y patrimonio no están convenientemente organizados.
El Desgobierno Comunista insiste en incautar el patrimonio, pequeño o grande, que todos los trabajadores van reuniendo poco a poco y ya trabaja en un nuevo Impuesto a la Riqueza –una remodelación del actual IP- para gravar casi todos los patrimonios en España cuyas rentas de origen ya han tributado no una sino varias veces mientras que “los ricos”, concepto indeterminado que demagógicamente se pone como objetivo de todos los impuestos, no tributan principalmente en España, por lo que Andorra, si esto sigue así, se puede quedar pequeña.
La planificación, diferente en cada caso y a estudiar detenidamente, puede empezar por utilizar nuestra pequeña Andorra, la CCAA de Madrid, que ofrece unas ventajas fiscales -entre las que destacan la bonificación del 100% en el IP, la del 99% en el ISD y la exención de las ganancias patrimoniales netas generadas > 1 año- que permiten contener la sangría patrimonial a sus residentes fiscales sin perjuicio de poder financiar sin problemas su Administración Autonómica que además ofrece los mejores servicios públicos demostrando que la baja fiscalidad –que debería potenciarse más y más haciendo eficiente cada euro de gasto público- no está reñida con el bienestar social.
La planificación fiscal pasa, en definitiva, por estar correctamente geolocalizado primero y después por optimizar la influencia de los distintos impuestos en la renta/patrimonio a planificar para intentar, con la Ley en la mano, pagar, como es deseable y lógico si no te dedicas a robar, las cuotas impositivas de menor entidad y/o más diferidas posibles. Contrate a un abogado especialista y empiece a ahorrar ya.
