Este artículo de opinión ha sido publicado por EL HERALDO DE SORIA en su edición de papel del día 10.11.2025.
El enésimo enfrentamiento entre el personal del Ayuntamiento de Soria y quienes lo han convertido en ‘un cortijo’ (USO dixit) ha dejado encima de la mesa algunas magnitudes que conviene repasar. Concretamente, Fernando Pérez, del Grupo Sindical Independiente, señaló que «en 2007, año de entrada del PSOE en el Gobierno, el gasto en personal político del Ayuntamiento de Soria era de 157.000€ mientras, en 2025, asciende a 600.000€» y que los concejales con dedicación exclusiva han pasado de cobrar 41.146€, en 2011, a 53.000€ en 2025, lo que representa una subida del 28%. Mientras el concejal de Hacienda, Javier Muñoz, trataba de confundir las subidas estatales (un 11,15% desde 2011) con las municipales de Soria, el sindicato aludía al diferencial del «17,66% que es la subida municipal que se han autoaplicado y que no han aplicado a ningún trabajador municipal más», lo que se ha traducido en una pérdida del poder adquisitivo del 20,54%, desde 2007, para los trabajadores municipales.
Por todo ello, volvieron a pedir el cumplimiento del Convenio de 2015, del Acuerdo Judicial de 2019 para las instalaciones deportivas y la dimisión del concejal de Personal Eder García –un tipo que realmente no hace nada– y se acordaron también del concejal de Hacienda asegurando que «estamos muy cansados ya de ser siempre el escudo o el monigote que sacan como una de las excusas principales para justificar la subida del IBI que afecta a todos los sorianos». Asimismo, denunciaron que los trabajos que deberían desarrollar las concejalías, que para eso tienen concejales liberados y personal, se encargan luego a empresas externas duplicando los costes para los ciudadanos que son luego los que acaban repercutiendo en la subida del IBI.
Finalmente, lamentaron que, aunque la Ley de Estabilización es de 2021, “todavía hay muchas personas que no han estabilizado su puesto”; que no se ha presentado tampoco la RPT de 2025, estimando que “faltarán 35 trabajadores municipales que se están paliando con contrataciones de 6 meses a través de planes de empleo” y que “los impuestos van subiendo, pero el deterioro de los servicios públicos es mayor”. Frente a ello, el todavía alcalde, Carlos Martínez, totalmente volcado en la salvación de Castilla y León con su papamóvil por encargo personal de Sánchez –ahí es nada—nos dispensó algunas vaguedades («estamos haciendo todos los esfuerzos del mundo para poder adaptar y hallar el punto de equilibrio entre el respeto a las condiciones de los trabajadores y la mejora de las mismas y la prestación de servicio a la ciudadanía») para después respaldar a su edecán Eder García y a todo el Departamento de Personal a pesar de que no hacen absolutamente nada… salvo subirse el sueldo.
USO, como siempre, ponía el dedo en la llaga al señalar que el Ayuntamiento y su alcalde exhiben un talante abiertamente clasista y propio de señoritos a la hora de abordar su relación con ‘el servicio’, mientras lo único que crece son las liberaciones políticas, las retribuciones por asistencia a Plenos y Comisiones (27%) y los encargos a empresas privadas por trabajos que los servicios municipales dejan de prestar. Para USO, la política se ha convertido en un gran negocio a través de la colocación a dedo de afectos, familiares y amiguitos que se da de bofetadas con el acceso a la función pública mediante procesos que respeten la igualdad y el mérito y la capacidad, algo que, con el tiempo, a los sorianos nos va a salir muy caro.
La RAE define esquilmar, en su tercera acepción, como “menoscabar, agotar una fuente de riqueza sacando de ella mayor provecho que el debido” y esto es, precisamente, lo que está haciendo con Soria Carlos Martínez y su equipo de ‘campeones’: esquilmar. Y también lo hará con Castilla y León porque la historia siempre se repite. Los servicios en Soria –y en toda España– deben racionalizarse y optimizarse. Se deben atender prioridades y no chorradas. Y esas prioridades se deben atender, además, con el menor gasto posible, lo que incluye al personal que, si de verdad quiere prestar un servicio público a sus conciudadanos, deberá trabajar más por menos. Frente a ello, vemos como se priorizan las chorradas y se escatima en lo esencial. Después, cuadrar las cuentas subiendo las contribuciones sobre los bienes raíces y sobre servicios básicos como las basuras o el agua, está al alcance de cualquiera. Eso no es gestionar, amiguitos. Como todo es un cuento chino, lo tienen que adornar de progresismo, humanismo o cualquier otra zarandaja cuando, en realidad, a lo que se dedican estos ‘gestores de lo público’ es a esquilmar a la parte que trabaja para granjearse la voluntad de la parte que no lo hace, que es mayoritaria, para mantenerse en el poder hasta que el cuerpo aguante. Por eso, todo lo público es cada día peor y más caro. Dale una vuelta que pronto te van a llamar a votar.
Mario González Casado. Abogado. Maútiko Abogados.
